24.12.2020

Adolfo Domínguez: «El cine es la música del ojo, la literatura es la música del alma».

Entramos en casa de Adolfo Domínguez, del Adolfo escritor, culto, gran conversador, que es el mismo que el Adolfo costurero y empresario, por supuesto. Entramos en casa del autor de Juan Griego, esa obra que abarca una vida de escritura y que en sí misma es la respuesta de Adolfo Domínguez a ¿Por qué la literatura?

Adolfo nos cuenta  que desde pequeño lee como adicto. Y continúa explicando que se lee y se escribe por la misma razón: para entender. Para poner orden en la vida. Nos dice que el objetivo de su vida fue entender, poner orden en la vida. Y que el ser humano se alivia al cuadrar las piezas: «entender para sentirse aliviado, entender lo que me pasó en la vida

Entran en la conversación las Bellas Artes, la música de J. S. Bach, la luz a través de las vidrieras de la Catedral de Palma de Mallorca y hablamos de su oficio de costurero desde su visión de escritor. Nos cuenta que dibujar y hacer costura está más ligado a una parte del cerebro, mientras que la escritura y las matemáticas se unen a otro. Pero que al buscar entender y poner orden a través de la escritura, eso le ha llevado a poner orden en el diseño de moda. En el caso de Adolfo su respuesta  es el minimalismo, la sensualidad austera, la búsqueda del camino más corto entre dos líneas, pero teniendo claro que dentro de la función hay que encontrar belleza; también en la sencillez, donde sea aún más difícil. El ejercicio del arte no es tanto de añadir como de evitar. Y en eso se une la costura a la literatura, en esa misma búsqueda que pasa por lo placentero y lo sensual. De la palabra, la música y la moda. Adolfo nos cuenta cómo la costura es un oficio placentero, cómo notas la diferencia entre un abrigo de alpaca que hace más profundo y sensual un abrazo, como un buen texto habla directamente al alma: «El cine es la música del ojo, la literatura es la música del alma».

Es ese continuo que logran los grandes escritores y que luego adoptamos todos, nos dice.  Y sigue: «Solo con perseverancia se llega al centro de las cosas. No hay temas, hay tratamientos, con Juan Griego encontré mi búsqueda, una especie de diario donde está todo lo que necesito. Lo grande es leve y resiste siempre».

Adolfo Domínguez lleva su oficio a la conversación y la envuelve con un tacto sensual que desborda las palabras, que te traslada a los lugares invocados, siempre es un placer hablar con él, con su expresión clara y elegante abrigada por sus muchas batallas y por todas las lecturas vividas.

Conversación con Adolfo Domínguez
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